Sóstenes

Ahora que salga de la cárcel quiero dedicarme a ayudar.

El milagro de recuperar la esperanza y el deseo de ayudar a los demásÂ

Historia de Sóstenes narrada por Carlos Suárez Sanchez (Expresidente de Prasad de 1996 a 2019+)

Sóstenes vive en la cárcel desde hace cuatro años y le faltan once mas para cumplir su sentencia Es un hombre de cincuenta y seis años, cursó hasta tercero de primaria pues sus padres lo dedicaron a trabajar en el campo desde muy niño. Es un individuo callado, introvertido que poco cuenta de su vida.

Con dificultas nos confiesa que es casado y tiene cuatro hijos, dos de ellos se fueron al norte ( de ilegales a Estados Unidos) otro a la ciudad de México y el cuarto vive con su madre en el pueblo y se encarga de trabajar su parcela. Su esposa y su hijo menor lo visitan de cuando en cuando, debido a su precaria situación económica.

Sóstenes no acepta su culpa, dice que él nunca fue ni traficante ni miembro de ninguna banda, pero acepta que si, que fumaba marihuana, lo que hace hasta la fecha cuando puede conseguirla. El dice que unos agentes lo detuvieron, le llenaron sus bolsas con cocaína, que el ni sabía lo que era, y se lo llevaron a diferentes lugares hasta que vino a parar a ésta cárcel.

Aquí ha sufrido mucho, pues algunos de sus compañeros de prisión lo han golpeado para exigirle que participe con ellos en – no sé cuantas cosas – según sus palabras; y, desde hace como dos años ha perdido casi por completo la vista a causa de las cataratas que le diagnosticó el médico de la prisión, quien fue el que le informó de ésta campaña, en la que, le dijo, no te cobrarán ni un centavo por operarte, pues el grupo de doctores y enfermeras que vienen lo hacen para ayudar a los pobres.

Tras su cirugía,sus custodios lo regresaron a la cárcel inmediatamente después de operado y lo trajeron hoy para su revisión. Su cirugía fue un éxito y ha recuperado su visión en forma satisfactoria. Sóstenes dice que quizá es lo único que ha hecho con discreta alegría, que esta muy agradecido y que nos suplica que el año que entra se le opere su otro ojo y que, cuando salga del penal, quisiera venir a ayudarnos a cuidar a los pacientes que entonces operemos, – pues me di cuenta de que a todos nos tratan muy bien, como si no fuéramos unos pobres y otros presos