Juanito
¡No me volverán a llamar bizco!
Historia de Juanito
Del archivo de testimonios de Carlos Suárez Sanchez (Expresidente de Prasad de 1996 a 2019+)
Desde el año 1996, hasta hoy, PRASAD de México ha apoyado a que más de 17,000 niños con estrabismo que viven en condiciones muy limitadas y con muy bajos recursos sean operados en diferentes estados de la República Mexicana, ayudándoles, al igual que a Juanito, a que a resuelvan su condición de estrabismo y puedan volver a ver, estudiar, jugar, sentirse bien consigo mismos, participar en su comunidad y sonreír sin vergüenza.
¡Gracias a tu aportación realizamos esta labor!
Contamos contigo para seguir trayendo luz a muchas mas niñas y niños.
Me llamo Juan pero en el pueblo me dicen Juanito,… cuando no me llaman bizco. Mi historia es como la de muchos niños que sufren como yo ésta desgracia, aunque no todos tienen la suerte que yo he tenido, de recibir como un regalo bendito, la ayuda para corregir mi vista.
Tengo ocho años y vivo en un pequeño pueblito en la sierra de Durango, donde solamente tenemos una escuela, no tenemos hospital y cuando alguien se enferma, tiene que ir caminando cinco kilómetros al Centro de Salud más cercano.
Un día, rumbo a la escuela escuché la bocina de un camioncito que anunciaba que si alguien conocía a personas con estrabismo, – “para que me entiendan, que sean bizcos” que fueran al Centro de Salud, que los iban a operar sin cobrarles ni un centavo. De momento pensé.. – ¿será cierto?. Al llegar a casa mi mamá me dijo: – «mañana nos vamos al Centro de Salud». Ella también lo había oído. Al día siguiente, muy tempranito, tomamos camino al Centro de Salud del pueblo más cercano
Llegamos y semanas después nos citaron para llevarnos en un camión grande, con 150 niños con sus mamás, a la ciudad de Durango. Al igual que a los 100 niños que estaban ahí me estudiaron de nuevo y al final me canalizaron con un suero, me anestesiaron y me operaron.
Cuando desperté estaba todo atarantado y me dijeron que ya estaba operado, que cuando me sintiera bien ya podía desayunar. En la mesa del desayuno había otros niños operados con sus mamás y platicamos que aún siendo pobres existe una esperanza para mejorar nuestras vidas y nosotros habíamos encontrado a quien nos la dio.
Supe que fue el DIF quien mandó el camioncito con su bocina a los pueblos y rancherías para anunciar las operaciones y luego para traernos a Durango donde nos dieron casa y comida por tres días. Supe también que todos los doctores vinieron de la ciudad de México, del Hospital de la Ceguera y que nos operaron sin cobrar un solo centavo y también supe que quienes estuvieron atendiéndonos todo el tiempo son de un grupo que se llama PRASAD de México y que se dedican a conseguir dinero para ayudar a quienes no tendrían de otra forma la oportunidad de ser operados.
Me regresé a mi pueblo y cuando llegué a la Escuela mi maestra me dijo que les contara a mis compañeros mi aventura. Con todo detalle y lleno de confianza les conté que había yo conocido Durango, una ciudad muy grande y que ahí me habían operado junto con más de 150 niños y niñas a los que nunca mas les volverían a decir bizcos. Cuando terminé todos me aplaudieron, yo estaba llorando de emoción. Ese día mi mamá me dijo “Juanito, en Durango pregunté qué quería decir PRASAD y me dijeron: quiere decir “Regalo Bendito”. Yo nunca lo voy a olvidar, y algún día ayudaré para que otro niño o niña con estrabismo, pueda restaurar su vista para nunca más volver a ser llamado bizco.









